Ojalá te hubiera conocido en un mejor tiempo. Ojalá nunca, ni tú ni yo, hubieramos tropezado frente a frente en el estúpido y largo pasillo que da al baño. Estabai pasado a copete, una mezcla entre Ron cola, Vodka naranja y Tequila, otra pisca de edor picante que se metió dentro de mi nariz, del vómito que te chorreaba por la pera. Soy asquerosa, lo sé, al pensar en sacar mi lengua y lamerte todo el sudor tras tu esfuerzo por sacar afuera la mezcla de alcohol, pito y cigarros de tu organismo. Soy asquerosa por querer arrinconarte y bajar lentamente por tu vientre sin que te des cuenta. Te aseguro que si no hubierai estado curado no te pescaria de las solapas de tu camisa a cuadros, azotando un poco tu cabeza en contra de la muralla amarilla del baño, mirándote a los ojos, a las pupilas dilatadas, a las venas rojas y mi boca abierta, los dientes chocando con los tuyos en el frenesí de un único momento junto a ti. Culiao, te juro que te odio. Por último no reaccionas, pero lo haces. Y tan bien. Bajas las manos temblorosas por la espalda húmeda, las escurres bajo el vestido de flores rojas, aprietas, amasas con las yemas y tu palma gigante dos globos a punto de reventar. Jadeas dentro de mi boca, la lengua avanzando cada vez más abajo, un botón, otro botón y miro hacia el horizonte de un espejo que refleja mi cara de perra barata por un polvo fácil con el hueón que le encanta. Esa nuca tan bonita perlada de agua. Refriego mi cadera contra la tuya, y entre voladés y no-voladés respondes a mi llamado urgente, animal. No tiene sentido si no me reconoces, si en tus ojos vacíos no encuentro respuesta a la petición que te hago. Oigo un nombre que no es el mío cuando chupas mi lóbulo y te sigues apretando contra la pared fría. Soy yo, mírame, soy yo. No otra. El pezón caliente que roza tu pecho no es otro más que de mi propiedad. Con la cabeza dando vueltas suavemente aferro mis uñas a tus hombros descubiertos, gritando en mi interior, sintiendo el interior de mis organos derrumbarse lentamente en tus pies descalzos. Llámame, te lo suplico. Y repite conmigo que estas lágrimas que derramo en tu camiseta no son en vano. Abres tu boca junto a la mía, respirando largamente.
- Bien, monita, bien- riendo a mandíbula suelta en un cuarto de baño que no es nuestro, resonando mi apodo hasta en la taza del water - Nos vemos el lunes, mona-
Me quedo sola con una mano en la frente y un gran problema creciendome en el pecho. Eris súper hueona, mona. SÚPER HUEONA.
Diamantes blancos.
sábado, 16 de enero de 2010
Publicado por Palo. en 7:05
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario